Sobre el perdón y la aceptación

Hace tiempo que no escribía en este blog, pero ahora tengo una anecdota que creo que es digna de contarse, aunque ya pasaron algunos meses de ello.

Hace ya bastantes meses que escribí sobre un problema que tuve en el trabajo: un compañero malinterpretó un comentario que hice y armó un gran lío, que terminó básicamente en una "ruptura de relaciones diplomáticas". Es decir, nos hablábamos sólo lo necesario para llevar a cabo nuestro trabajo, y a veces ni eso.

Mi parte visceral se vió envuelta en el problema hasta el punto en que no sé quién estaba más enojado. De mi lado, intenté sanar la relación un par de veces. Incluso hubo un momento en que básicamente le dije: "dejémoslo en que ambos malinterpretamos las cosas. Borrón y cuenta nueva". Pero nada.

Durante un tiempo, demasiado largo para mi gusto, estuve enojado y preocupado por esta situación.

¿Les suena conocido? ¿Tal vez con la pareja? Sigan leyendo

Tiempo después platiqué con alguien más sobre ésto. Le conté que que yo estaba dispuesto a arreglar la situación, pero que en ese momento sentía mi orgullo herido, porque su forma de interpretar las cosas implicaba que yo era una persona malintencionada. Si tan sólo me pidiera disculpas por haberme juzgado mal todo se arreglaría (lo cual es cierto, una disculpa para mi es suficiente para olvidar el daño).

Y entonces recibí una respuesta que no había esperado: "si estás esperando a que el otro haga algo, entonces no estás muy dispuesto a arreglar el asunto".

Fue como un balde de agua fría. No me gustó mucho el baño repentino, pero lo necesitaba. El consejo que me dió después no importa mucho porque no lo seguí. Lo que importa es que me di cuenta de toda la energía que estaba gastando. Al esperar que el otro pidiera disculpas estaba negando mi responsabilidad sobre cómo me sentía.

Lo que hice a continuación ocurrió sólo en mi cabeza, pero como suele ocurrir en estos casos, eso fue suficiente: decidí que no necesitaba de ninguna disculpa. Por ponerlo en otras palabras, decidí perdonar sin que me pidieran perdón. Pero además ocurrió algo más, muy importante: acepté la realidad tal cual era. En ese caso, acepté que ya había hecho lo que podía y acepté que, por alguna razón propia, esta persona decidía aferrarse a su interpretación.

Curiosamente, en cuanto me decidí a aceptar las cosas como son, el cambio fue instantáneo. Yo me sentí inmediatamente mejor, y mi trato para esta persona cambió. La relación con este compañero ha mejorado hasta ser suficientemente cordial. Dudo mucho que volvamos a ser amigos, pero también eso es parte de lo que he aceptado.

Pero estoy muy agradecido por todo esto, pues me ha dado una perspectiva muy diferente. Ya había leído mucho sobre cómo "perdonar a quienes nos ofenden" (como dice cierta oración) libera al que perdona, pero no había experimentado con tanta claridad.

Y recuperé un poco de energía en mi vida. Y qué bueno, porque hay cosas en las que vale más la pena invertirla.

Si dispones de 5 minutos, el ejercicio que me propongo (y te propongo) es el siguiente. Respira profundo un par de veces y pregúntate: en este momento, ¿a quién o qué no he perdonado? ¿cuánta energía estoy gastando en ello? ¿Realmente estoy dispuesto a arreglarlo? Y si arreglar no es posible en este momento ¿estoy dispuesto a aceptar mi responsabilidad (ante la situación, ante mis emociones)?

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Acerca de JACH

Ingeniero, lector ávido, coach e incansable investigador de la motivación humana. En mi afán por entenderme mejor y al mundo en el que vivo, he pasado por psicoterapia, me certifiqué como coach (o casi, pero esa es otra historia), y actualmente estoy metido con una técnica llamada CMR muy interesante. Suena a cliché, pero he encontrado que el cambio tiene que venir del interior. Pero no sólo estoy entendiéndolo, sino que comienzo a vivirlo... y ese es un proceso que nadie puede hacer por mi.
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Una respuesta a Sobre el perdón y la aceptación

  1. El Bernie dijo:

    Hola Jach,
    Primero que nada estoy feliz de leerte nuevamente!!!
    Tu escrito está totalmente ligado a lo que vi la semana pasada en un curso intensivo en el Banco Interamericando de Desarrollo en Washington DC.
    Es algo que hemos estado platicando desde hace varios años y pues me dio gusto leerlo en una experiencia personal tuya y luego recordarlo en el curso. Tienes toda, toda la razón, o por lo menos tu experiencia se asemeja a mi percepción, ya que cada quién tiene un mundo diferente y es respetable su punto de vista (o punto de sentir).

    Ya te platicaré del Curso de la semana pasada estuvo muy bueno.

    El Bernie

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